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La Virgen del agua: Coromoto

08:15 AM 22/11/2018

"Vayan a casa de los blancos, y pidan que les echen agua en la cabeza para poder ir al cielo”. Con esa especial invitación al bautismo se manifestó en Guanare, hace 366 años, la Virgen María al cacique Coromoto, de la tribu de los cospes. La Madre de Dios dejó constancia de su presencia: su sagrada Imagen estampada en un pequeño y luminoso pergamino

En tierras llaneras, en pleno corazón de Venezuela, su culto se propagó rápido. A Nuestra Selora de Coromoto se le llama también la Virgen del Agua, por su exhortación a cumplir con el citado sacramento.
 El  7 de octubre de 1944,  el papa Pío XII declaro    a   Coromoto como “Celeste y Principal Patrona de Venezuela”.
Por lo recopilado por el hermano Nectario María se sabe que: “Una mañana,  de 1652,   el cacique Coromoto y su mujer   observaron en una quebrada    que había una bella y resplandeciente señora con un preciosísimo niño  en sus brazos.

Se quedaron atónitos al oír que les hablaba en su idioma: “Vayan a casa de los blancos  y pidan que les echen agua en la cabeza para poder ir al cielo.”.
Los indios cumplieron su mandato y camino del Caura al Tocuyo vieron al hacendado Juan Sánchez, a quien le narraron lo sucedido.   Sánchez  le ofreció   su ayuda indicándole que preparara su viaje, ya que él en ocho días regresaría".
 Sánchez volvió y los llevó cerca de donde unían sus aguas los ríos Guanaguanare y Tucupío (hoy Tucupido), a 10 kilómetros de Soropo.
Allí, los alcaldes de la Villa,   Baltazar Rivero y   Salvador Cerrada, dispusieron que los indios se quedaran en ese pueblo y dejaron a   Sánchez como encomendero. Él debía enseñarles nociones de la religión cristiana, preparándolos así para recibir el   sacramento del bautismo.
 
Varios indígenas se bautizaron, pero el cacique decía que no. La tarde del sábado 8 de septiembre de 1652 se negó a asistir a un acto religioso y regresó enojado a su bohío, donde lo esperaban su mujer y su cuñada Isabel con su hijo   de 12 años.
Entrada la noche,  al cacique se le presentó en forma corpórea la Virgen   en el umbral del bohío, irradiando  potentes rayos de luz.
Al verla,  el cacique le gritó: ”¿Hasta cuándo me quieres perseguir? Bien te puedes volver, que yo no he de hacer más lo que tú me mandas; por ti dejé mis tierras y pertenencias y he venido aquí a pasar trabajo”.
 “No le hables así, no tengas tan mal corazón”, le dijo su esposa.
  
El indígena, más molesto aún, agarró su arco, cargó la flecha y le apuntó a la Señora: ”Con matarte me dejarás”, le preguntó; pero la Virgen se le acercó. Él  soltó el arco y se abalanzó para sujetarla y sacarla de la choza, pero Ella   desapareció, dejándole en la mano un pequeño pergamino con su imagen diminuta y resplandeciente, narra el hermano Nectario María. 
Al verla, el indio la escondió entre la paja del techo de su casa diciendo: “Ahí te he de quemar para que me dejes”.

El hijo de Isabel corrió y avisó a Juan Sánchez, quien  regresó a la choza y rescató la Imagen, venerada hoy en Guanare, en el corazón llanero de Venezuela.