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Actualizado hace 367 minutos

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Opinión
06:04 AM / 11/05/2018
“Un venezolano de altura”
Hildegar Rondón de Saso Abogada constitucionalista
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El calificativo significa el reconocimiento a un compatriota que se realizó por sí mismo para poner en alto el nombre de Venezuela en el exterior
Hildegard Rondón de Sansó


 Me preguntan ¿de dónde me sale tanto entusiasmo por el Golf? Se alude al deporte que es de práctica obligatoria para los Presidentes de los Estados Unidos y para los banqueros de cualquier nación. Confieso que no pertenezco a ninguno de esos estereotipos, pero algún día les contaré cómo me apoderé de los “palos” abandonados en mi casa por una arquitecta voluble en sus gustos deportivos; y, cómo conseguí una bolsa para cargarlos que, ha debido provenir por su género y estilo de una “venta de garaje”. 

 La fortuna, que me ha acompañado muchas veces, vino en mi ayuda para que, por la fuerza del azar, comenzara a darme las primeras clases de golf, un hombre sencillamente encantador que se llama Ramón Muñoz. Este hecho, que comenté, hizo que mis atónitos interlocutores tuvieran la misma reacción: “¿¡Ramón!? No es posible”. ¡Ese es el maestro de los maestros!, no solo en Venezuela sino en cualquier parte. ¡Que suerte tienes!

 Pues bien, la frase fue justa, porque desde la primera lección de entrenamiento, Ramón me demostró que existen seres dotados de extraordinarias cualidades, como es su caso, todas ellas encubiertas en una gran humildad.

 En efecto, Ramón es el más eficiente entrenador que se pueda imaginar. Sus reglas son muy claras y el sistema que utiliza, consiste en los puntos que paso a enunciar: A) alentar al principiante torpe, elogiando sus logros y culpando a hechos o “terceras” personas o cosas, de sus errores. Es así como dice ante un error: “no es culpa suya, sino de la pelota”; o bien, “lo que pasa es el problema del terreno”; o, “su error deriva de la lluvia”; o, en otra oportunidad señale que “el mismo deriva de la sequía”. Constantemente alude a que las fallas son las consecuencias “de la falta de un público dispuesto a admirar los logros obtenidos”; o bien, que “se trata de un público torpe que ignora los detalles”. B) la segunda regla es ir demostrando su técnica sin exhibicionismo, pero con el enlace de la causa-efecto infalible, que está en la gran devoción con que realiza sus tareas. C) No permitir que te fastidies ni que te canses, sino que estés siempre embelesado frente a ese mundo físico, que es uno de los paisajes más bellos del mundo: el del campo de golf.

 Ramón se inició como un simple caddie (el cargador de la bolsa con los palos de golf). Su agudeza le hizo entender por sí mismo las reglas del juego y, me imagino que, al final de esta etapa, discretamente, sin intentar humillarlo con ello, le sugeriría al golfista que lo había contratado como caddie, la mejor manera de completar el swing y, cómo reaccionar ante la “momentánea mala suerte” y así mismo cómo explicar las razones del éxito.

 Uno de mis deseos era recoger de Ramón las experiencias de su auto-formación y sus grandes éxitos en uno de los deportes más difíciles de competir y, en el cual el mismo, detenta múltiples premios que recibiera, en los años más intensos de su actividad como golfista profesional. 

Ramón comenzó su brillante carrera en la patria chica, poco generosa en esta esfera y, siguió con nuestros vecinos de toda América, en especial, con los canadienses, siendo que, el de mi personaje, no es un nombre transitorio que se olvida, sino uno que quedó grabado en medallas, trofeos y condecoraciones.

 Me gustaría ampliar los datos relativos a un venezolano que comenzó su afición por el golf en la condición de un simple caddie y llegó a obtener todos los triunfos que estuvieron a su alcance. Es por eso que Ramón es un venezolano de altura.
 

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