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Actualizado hace 19 minutos

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Opinión
06:57 AM / 12/05/2018
En opinión: La alegría de vivir
Juan Guerrero (*) articulista (*) camilodeasis@hotmail.com @camilodeasis IG @camilodeasis1
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No está necesariamente adornada con terciopelos ni lentejuelas como tampoco exige demasiada iluminación con reflectores leds, ni parlantes de excesivos decibeles.

 Como la espontaneidad en la sonrisa y la natural alegría, la felicidad es un estado del ser que forma parte de la naturaleza humana. Donde más la podemos sentir es en la intimidad, en la cotidianidad de la vida.
   No está necesariamente adornada con terciopelos ni lentejuelas como tampoco exige demasiada iluminación con reflectores leds, ni parlantes de excesivos decibeles. Mucho menos exige el uso de palabras altisonantes ni frases que deslumbren.
   La felicidad es sanidad espiritual. Es discreta y se siente y percibe en personas que viven de manera armoniosa, aunque su entorno se esté cayendo a pedazos. 
   ¿Podemos ser felices en medio del caos? ¿Podemos ser felices en medio de una penosa enfermedad?
   Ciertamente. Podemos mostrar armonía y sanidad espiritual aun cuando padezcamos alguna patología. Sucede también, que existen personas que no padecen enfermedad y sin embargo, adolecen de sanidad y armonía espiritual.
   Por estos tiempos la alegría de vivir, la felicidad y sobre todo, el sentido de la existencia misma, parecen estar resquebrajados. Indudablemente que vivimos tiempos difíciles, duros. Nuestro entorno es una vitrina gigantesca de incertidumbre, desasosiego y sobre todo, desarmonía. 
   Quedarnos en la pura contemplación ya no tiene sentido como tampoco, tratar de superar esa situación sobre dimensionando la realidad. Engañarnos con juego de palabras que nos muestren la realidad de un mundo de ilusiones, pero que al mismo tiempo nos agrede constantemente.
   Al no reflexionar sobre nuestro entorno caemos fácilmente en las redes de los vendedores de falsas ilusiones. Lo observamos, bien en la propaganda oficial de regímenes totalitarios y populistas, como en algunos grupos religiosos y personas que ofrecen paraísos de utilería sí y solo sí te afilias a su creencia y pensamiento, permitiendo que ellos piensen por ti.
   Sobredimensionar la realidad haciendo que aparezcan soluciones mágicas para nuestros problemas cotidianos, es pervertir la razón convirtiéndola en instrumento de uso para quienes sí saben utilizar las mentes débiles.
   La gente mala y perversa siempre necesita sonreír, artificiosamente, porque es la manera de atrapar incautos, controlarlos y usarlos. Es una constante en los regímenes totalitarios la aberrante construcción de un lenguaje que aleja a las personas de su cruel realidad. El lenguaje se orienta, tendenciosamente, a la excesiva grandilocuencia. Muestra la artificialidad de una alegría forzada, en la búsqueda de una felicidad a costa del sufrimiento humano. En los regímenes totalitarios estás obligado a reír y mostrar constantemente una falsa felicidad para no ser relegado, señalado y menospreciado por el poder. En las sociedades totalitarias la felicidad viene concebida como estrategia de Estado para el sometimiento y control. Es una alegría de bufón de corte. Para lograr este control, se inventan frases estrambóticas y hasta se decretan ministerios para desarrollar programas y planes donde el individuo se ve obligado a participar para dibujar muecas y gestos de payaso triste.
   Existen palabras, como felicidad o alegría, que no admiten el modo imperativo. No puedes obligar a nadie a ser feliz so pena de sanción o prisión. Pero en los regímenes totalitarios esos absurdos, impuestos por arbitrariedad del poder, son parte de la cotidianidad. La falsedad de una vida feliz hace aparecer al individuo en su vacío existencial. Opaca su alma y lo condena al desierto de la insatisfacción. Le resta sensualidad, erotismo (vida) transformándolo en una identidad despoblada de espiritualidad.
   El nuestro es un tiempo donde las ideologías y creencias religiosas han sucumbido o cuando menos, están en entredicho. El cuestionamiento a toda forma de pensamiento impositivo debe ser parte de nuestra dinámica de vida. Porque necesitamos un pensamiento que nos sitúe en la realidad de estos tiempos.
   No podemos seguir existiendo en el siglo XXI con estructuras mentales ancladas en pensamientos de hace cientos y hasta miles de años. Necesitamos un lenguaje que nombre en su exacta dimensión al hombre de estos tiempos. Que revalorice el sentido de la vida y otorgue real y verdadera belleza y felicidad a su existencia.
   Si bien es extremadamente difícil ser felices en estos tiempos de tanta crueldad y laceración del ser, al menos seamos personas con una actitud de vida proactiva, éticos y sobre todo, cultivemos nuestra armonía de vida.

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