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Actualizado hace 9 minutos

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Opinión
06:26 AM / 17/04/2018
En opinión: El efecto tarabruja
Ylich Carvajal Centeno Periodista ylichcarvajal@gmail.com
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Volaban los venezolanos y las venezolanas hasta remotos paisajes para raspar sus tarjetas de crédito, otorgadas por los bancos con el único propósito de que pudieran “raspar” su “cupo Cadivi”, y eran recibidos en esos países como hermanos, cuando menos, como esplendidos turistas. 
Las líneas aéreas no se daban abasto por más que aumentaran el número y la frecuencia de sus vuelos internacionales y aunque los precios en bolívares comenzaban ya su vertiginoso ascenso a las cumbres de la hiperinflación, nadie parecía notarlo.
El Gobierno mismo esperó hasta última hora, cuando la economía estaba ya por ingresar a la UCI, para desmontar el cadivismo, cuyo menor desaguisado, necesario es decirlo, eran los “raspones” si lo comparamos con quienes sacaban opíparas tajadas verdes. 
Hubo gente que por lo menos voló una vez, otros lo hicieron con una frecuencia que lindaba en lo ilegal. Muchos pudieron comprar casas, carros, motos, hacer negocios, operar a un familiar en una clínica costosa y hasta reconstruirse estéticamente. 
Vuelven a volar los venezolanos y las venezolanas huyendo de la crisis económica que ahora nos raspa a todos por igual, ya no llevan dólares y el trato en esos países ya no es de hermanos, a veces, ni siquiera cortés. Muchos dejan atrás, incluso a la buena de Dios, las casas, los carros, los bienes y hasta el familiar a quien salvaron la vida o la esposa operada como ella o él querían.
Los llamaban bachaqueros y entonces era negocio comprar al detal en los supermercados, a precios regulados, para revender los productos al mayor o al detal. Bastaba con pasar el día haciendo colas en los supermercados y sacar suculenta tajada. El asunto no sólo era ilegal, pues se trataba de productos a precios subsidiados por el Estado con el fin de garantizar la alimentación y la higiene personal y del hogar de los venezolanos, sino que, además, y quizás allí estaba lo peor, era un descarado acto de “viveza” criolla, de ‘joder’ al vecino, al compatriota o por lo menos al prójimo si es que las ideas de ciudadanía y República no le dicen nada.
Muchos hicieron cobres y hasta tenían su “empresa” de bachaquear. En ocasiones eran amigas o amigos que se organizaban para tan feos fines o familias enteras que se dedicaban al asunto sin la menor pizca de los aletazos inflacionarios que ya se sentían alrededor de todos nosotros.
La dirigencia empresarial y política de oposición que ha tratado de derrocar a la revolución Bolivariana desde sus inicios avaló y participó a su nivel de la raspadera y el bachaquerismo. Creyeron que con eso, ahora sí, acabarían con el Gobierno chavista.
Empresarios y dirigentes de oposición aceptaron como la sentencia de un oráculo las locuras económicas que a diario difundía Dólar Today, incluso, los fines de semana cuando no hay mercado de divisas.
El ventarrón que produjo aquellos inofensivos vuelos de la especulación más leonina han bajado de un solo golpe las santamarías de muchas casas de comercio y empresas, desvalorizado el capital de muchas industrias y hasta Dólar Today es acusado ahora de vendérsele a Maduro porque no aumenta el precio del dólar en bolívares con la irracionalidad con la que viene haciéndolo desde hace cinco años. Ahora la meta especulativa son el millón de bolívares por dólar. 
El presidente Nicolás Maduro nos prometió que todo iba a estar bien porque el Gobierno lo iba a controlar todo. Se emitieron leyes, se crearon instituciones contraloras y la cosa iba tan en serio que hasta la más alta jerarquía militar de la República se ocupó del asunto. Al sol de hoy el Gobierno tiene serias dificultades para controlar la caja del Clap y la distribución de insumos y medicamentos en hospitales y centros de salud bajo su cargo.
Todos hemos oído hablar del Efecto Mariposa, pero creímos que se trataba de una grácil Monarca o una tierna Heliconius, no podíamos imaginar que alrededor nuestro aleteaba una marrón y pelu’a tarabruja.
 

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