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Actualizado hace 10 minutos

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Opinión
06:45 AM / 13/06/2018
El mayo francés, por Luis Britto García
Luis Britto García / Articulista luisbrittogarcia.blogspot.com
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Desafiando la hilera de nuevos edificios empresariales  posmo parecidos a frascos de perfume, el tumulto marcha decidido por todo el quartier gerencial del municipio Puteaux atravesando la explanada peatonal de Parvis hacia el árido Arc de la Défense.

Avanzan indetenibles, luciendo sus trajes de tres piezas Giorgio Armani,  sus corbatas Versace, sus cinturones Boss, sus camisas Lacoste, sus lentes oscuros Adidas, consultando nerviosamente sus relojes Vacheron&Constantin,  pisando firme con sus calzados Bugatti.

En segunda fila, como debe ser, siguen ellas exhibiendo sus trajes sastre Dior, sus maquillajes de firma Occitaine y Guerlain Méteorites, sus foulards Hermés, sus collares Schoeffel, sus dijes Georg Jensen, sus carteras Louis Vuitton.

Una fragancia de Chanel Demoiselle, Hypnose de Lancome  y Dolce&Gabbanna  flota sobre la ventolera que barre las áridas edificaciones de bancos y agencias financieras.

La primera fila agita  pancartas amenazadoras con atrevidas consignas: “¡Ni Libertad, ni Igualdad, ni Fraternidad!” “¡Prohibido permitir! ¡Seamos realistas: no pidamos nada!” Y “¡La falta de imaginación al Poder!”

Rompiendo la formación, algún exaltado grita a voz en cuello sus exigencias: “¡Perrier! ¡Perrier! ¡Dom Perignom!”

Pero la mayoría desdeña vocear consignas para el vulgo que la contempla, y las transmite con gesto altanero para sus íntimos en whatsaap y las redes sociales con sus celulares Ipod y Galaxy última generación.

Por el espacio radioeléctrico dominado por  monopolios informáticos, entrechocándose al entrecruzarse, vuelan raudos los slogans libertarios: “¡Liberación de precios!” “¡Liberación de intereses bancarios!” “¡Liberación de tarifas de servicios públicos!”  “¡Libertad de especulación!” “¡Libertad de fuga y lavado de capitales!” “¡Tratados de Libre Comercio!” “¡Tratados contra la doble tributación!” “¡Contratos de estabilidad tributaria!” “¡Zonas especiales libres de legislación laboral!” “¡Leyes de Promoción y Protección de Inversiones Extranjeras!”

A estas arrebatadoras consignas responde el populacho de gerentes bancarios y financieros hacinado en la Torre First –el más alto de los rascacielos de la Defénse- haciendo titilar las luces LED de sus pisos innumerables.

El contacto con sus masas enardece a los manifestantes, que arrecian sus emotivos mensajes de texto: “¡Muera la Historia!” “¡Fuera los extranjeros metéques!”   “¡Al mar con los inmigrantes!” “¡Muerte a los sudacas!” “¡Francia para los franceses!”

Tras ellos, vergonzantes, miméticos, eurocéntricos, anhelando integrarse pero temerosos del rechazo,  mostrando apenas los signos leves de una heterodoxia light, los representantes de la leal izquierda del capital aplauden la intervención de la Otan en Libia y en Siria y en donde sea.

Una amenazadora fila de gendarmes con escudos y cascos guarda bajo los brazos sus bastones y aplaude fervorosamente a los manifestantes.

Marcialmente se cuadra para saludarlos una representación de los 30.000 efectivos franceses involucrados en operaciones militares en Europa, en departamentos de ultramar de su soberanía, en operaciones militares propias o con bandera de la ONU, la UE o la Otan y en bases permanentes en países aliados. 


Los claros clarines de las radiopatrullas anuncian el advenimiento triunfal de la chusma. Luciendo sus ropas compradas en saldos, calzando imitaciones cosidas en maquilas, las masas arriban, los votos llegaron. En destacamentos vienen los desempleados que votan por quienes fueron sus patronos; los arruinados por las crisis financieras que respaldan en las urnas a quienes les robaron sus ahorros; los desalojados por los créditos hipotecarios que sufragan por quienes les quitaron sus techos; los ancianos despojados de sus pensiones que eligen a quienes se las arrebataron; los inmigrantes ilegales que anhelan el derecho al voto para apoyar a quienes los expulsan; los grupos fascio que hacen competencia desleal a la policía apaleando gratuitamente a los pobres; la generación de relevo que pasa de política mientras la política pasa sobre ellos;  los jóvenes sin futuro cuyo único deseo es ser como los oligarcas con pasado.

A la voz de “¡Capitalistas de todos los países, uníos!”, la vanguardia exquisita deja atrás, por siempre atrás a las domesticadas  chusmas mientras se une en avasalladora ovación antes de marcar tarjeta en sus oficinas de los rascacielos áridos como lápidas funerarias.

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