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Actualizado hace 21 minutos

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Experiencia Panorama
09:50 AM / 13/05/2018
Reportaje: Descubre el "súperpoder" que tiene la teta
Andrea Salas
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Berioska Pérez

Para los venezolanos, nada mejor que el pabellón criollo. Los argentinos prefieren las empanadas. El asado y la parrilla son la predilección de los uruguayos. Mientras que los mexicanos “deliran” con los tacos. Pero los bebés escogen una sola cosa. Sin igual, insuperable, nutritiva, grandiosa, perfecta… es la teta de mamá. 

 

“Los niveles de catecolaminas (hormonas del estrés) son elevadísimos en los primeros minutos de vida del recién nacido y lo único que puede desaparecer ese estado de alarma –que resulta tóxico para el cerebro– es el pecho de la madre. Representa la “zona segura” que los equilibrará. El contacto piel con piel permite regular su temperatura, así como su frecuencia cardiaca y respiratoria. Además, tomará las primeras gotas de calostro que le proporcionarán nutrición y protección. Esto es clave para su desarrollo neuronal”, explicó a PANORAMA Ana María Sotillo, pediatra, puericultora y consultora profesional en lactancia materna.

 

A partir de ese apego precoz se afianza el vínculo entre la mujer y su hijo. Expertos aseguran que la teta “es el cordón umbilical extrauterino”, permite dar vida luego del alumbramiento. La Organización Mundial de la Salud (OMS) indica: “La lactancia materna es la forma ideal e inigualable de nutrir y promover el correcto desarrollo del bebé (…) Es más que dar alimento; es proporcionar placer, amor y compañía”.

 

La espera de Emili Ordaz para vivir ese momento parecía interminable. Con solo 35 semanas de gestación fue sometida a una cesárea de emergencia. El pronóstico era desalentador: su hijo Albenis Pineda presentó asfixia perinatal y sepsis neonatal. Fue alimentado a través de una sonda durante 12 días, en la UCI. “Era muy frustrante verlo llorar y no poder cargarlo o hacer algo, además de rezar. Fue la experiencia más dura de mi vida”, recuerda la madre de 25 años.

 

Pero el escenario comenzó a cambiar, la salud del pequeño evolucionó y llegó el día tan ansiado. “Cuando lo tuve en mis brazos por primera vez fue mágico. Empezó a chupar y quedó viendo la gloria”, así describió el encuentro. Desde entonces, Albenis “no se despega de su tetita”.

 

Lactar de forma exclusiva, hasta los seis meses, es lo más recomendable para la OMS y la Unicef. No hace falta nada más, ni agua ni vitaminas. Sotillo señala que, posteriormente al primer semestre, “se incorporan alimentos oportunos, amamantando a libre demanda hasta los dos años y más”.

 

En medio de una profunda crisis económica en Venezuela, marcada por una inflación mensual de 80,1 %  –de acuerdo con la Asamblea Nacional– está en boga dar de mamar únicamente, prescindiendo de fórmulas que pueden costar entre 3 y 5 millones de bolívares, y que son consideradas como “medicamentos con efectos adversos”. Si todas las mamás estuvieran al tanto de las infinitas bondades de la leche humana, independientemente de la situación económica, la lactancia materna exclusiva sería una parada segura.

 

En primer lugar, el bebé es menos propenso a enfermar porque la leche materna está llena de anticuerpos que los protegen contra virus y bacterias. “Diversos estudios demuestran mayor coeficiente intelectual, mayor agudeza visual y auditiva, así como disminución del riesgo de diabetes, obesidad, linfomas e hipertensión arterial en la adultez”, precisó Sotillo.

 

La OMS sostiene que se reduce la frecuencia de infecciones gastrointestinales y respiratorias en lactantes: “Protegerá de  bronquitis, neumonía, diarrea, otitis, infecciones en la orina...”.

 

Infortunadamente,  los niños que no son amamantados o que son destetados a muy temprana edad padecen las consecuencias: aumenta la incidencia de alergias, enfermedades infecciosas agudas y crónicas graves. Asimismo, se incrementa el riesgo de desarrollar diarreas, infecciones urinarias, respiratorias y de oído. Incluso, puede presentarse meningitis bacteriana y leucemia.

 

Un aumento modesto en las tasas de lactancia podría prevenir hasta un 10 % de las muertes de los niños menores de 5 años, según la OMS.

 

Mariet  Rosillón tiene dos hijas, una de 7 años y otra de 7 meses. Contó cómo la información fue determinante en el proceso. “Por desconocimiento, a mi hija mayor le di más fórmula que teta. Solo mamó cuatro meses y por eso presentó muchas alergias en la piel y rinitis. Se enferma muchísimo”, lamentó.

 

La historia de su bebé Elena dio un giro de 180 grados. Librándose de un sistema de creencias erróneo y con la plena seguridad de que la crianza materna era la decisión más acertada, asumió el reto. “Me ha ido de maravilla. A mi niña todavía no le ha dado fiebre la primera vez y tenemos un lazo muy fuerte. La diferencia entre mis dos hijas es abismal”.

 

Las ventajas que ofrece el amamantamiento trascienden al plano emocional. De allí que la doctora Sotillo argumente que existen dos tetas: la teta con leche, que da todos los nutrientes para el crecimiento y la teta sin leche, que es la teta del amor, el consuelo, el vínculo, la paz y la relajación. La que llena el corazón del hijo de infinito amor”. Es con la segunda teta que el ser humano alcanza seguridad, autoestima y la satisfacción de sentirse amado e importante.

 

¿Y qué queda para la madre?, se preguntarán algunos. Pues para esa mujer que ofrece su cuerpo, tiempo, energías, descanso, incluso su femineidad, también hay recompensas…El peso, ese sí que es un dolor de cabeza para muchas y con la lactancia se pierde, debido a que se queman calorías con la producción de leche. Además, disminuye el sangrado vaginal posparto y el útero recupera su tamaño. Encima, reduce el riesgo de padecer cáncer de ovarios y mamas, osteoporosis, artritis reumatoidea e infarto de miocardio.

 

“La lactancia exclusiva me transformó como mujer. Me hizo dar cuenta del tremendo ‘súper poder’ que tengo y que siempre tuve, solo que no lo apreciaba porque me distraía por opiniones y malas experiencias de otras madres”, aseveró María Luisa Silva, amamantadora y embarazada de 36 semanas.

 

Llega el momento más anhelado. La luz abre paso a un nuevo ser. El llanto retumba en la sala de parto.  La emoción aflora. En los brazos de mamá vuelve a renacer la vida. No existe nada más. El encuentro con la respiración y la voz que conoce desde hace nueve meses traen la calma. Al toparse con la aureola, vuelven a ser los dos uno solo…¡Viva la teta!

 

 

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