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Actualizado hace 2 minutos

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Experiencia Panorama
12:52 PM / 21/01/2018
El monstruo Del Toro
Julio Gutiérrez / Agencias jgutierrez@panodi.com
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archivo

Con una niñez signada por seres irreales, el director mexicano ha plasmado su magia y su fantasía en toda su obra, hasta llegar a La Forma del Agua,  con la que ha vuelto a triunfar y a ganar premios este año. Se espera su nominación al Oscar.

 

 “Desde la infancia he sido fiel a los monstruos, me han salvado. Porque los monstruos, creo, son los santos patronos de nuestra dichosa imperfección. Y permiten y encarnan la posibilidad de fallar y vivir”, dijo al recibir el galardón.

Con un hombre anfibio, el último  ser sobrenatural que creó para el cine,  Guillermo del Toro ganaba, la noche del domingo 7 de enero, su primer reconocimiento de la Prensa Extranjera radicada en Hollywood. Fue premiado como mejor director, por The Shape of Water (La Forma del Agua). La película del blanco, alto y gordo cineasta tapatío de 53 años ganó también por la música. Sumaba siete nominaciones, incluida la del guión. 

Estas criaturas irreales  han marcado su vida y su trayectoria, llegando, incluso, a humanizarlos, a enaltecer su nobleza,  convirtiéndolo en un  “monstruo”, por su gran ingenio. 

Recientemente confesó, con el humor que lo caracteriza: “En la televisión pasaba una serie con un mutante calvo y ojos gigantes. Yo estaba en la cuna y empecé a gritar. Mi psicoanalista me dijo posteriormente que eso me creó una especie de síndrome de Estocolmo. De ahí que adore ahora los monstruos”.

Al diario español El País le confesó, hace días, que su inclinación por los estos seres “arranca ya en mi infancia. En mi país existe una tendencia a la fabulación, lo que llamamos alebrijes: mundos fantásticos que acercan lo mágico a lo posible. Crecí en los 70, disfrutando el cine fantástico de Universal y el de terror de la Hammer, así como de una enorme invasión de caricaturas y películas de ciencia ficción japonesas. Fue un momento muy rico y todo ello convergió en mi imaginación de niño”.


Y la pasión por el cine le nació también desde su niñez. Su padre ha revelado que era devorador de películas. “Yo tenía 8 años. Mi padre poseía una pequeña cámara, muy compacta, que funcionaba solo a 24 imágenes por segundo. Nada de ‘stop motion’ o de alta velocidad. Muy simple”, ha contado Del Toro acerca de su primer contacto con la cinematografía. Filmó unos soldaditos cayendo desde gran altura a la calle. 


En su semblanza de egresado del anuario del  colegio  jesuita donde estudio preparatoria, en su Guadajalara natal, se lee que era “actor innato, cómico natural: el mejor carrillero del Idec. Cinéfilo de corazón. Impulsó el cine entre los compañeros. Hizo admirablemente sus pininos de maestro en secundaria”.

No quiso trabajar en el negocio de   venta de vehículos de la familia.  “Nunca le gustaron los coches, solo los monos, los comics, sus máscaras, sus disfraces... Me contestó que lo dejara hacer lo que a él le gustaba y ya no insistí más”, ha contado el papá. 

Con la producción de Doña Herlinda inició su carrera en 1985. Ese mismo año filmó  el cortometrajes Doña Lupe y dos años después Geometría. Sumaba 21 octubres. Durante estos años se desempeñó también como supervisor de maquillaje y  enseñando cine y produciendo televisión, tras estudiar en el Centro de Investigación y Estudios Cinematográficos, en su ciudad.

Fue Cronos, sobre un dispositivo en forma de escarabajo antiguo que brinda vida eterna,  su estreno, en 1993, como guionista y realizador. Con ella alcanzó nombre y fama en su terruño, al ganar ocho premios Ariel, por película,  director,  guión y  ópera prima, entre otros.


La ficción continuó con Mimic, que dirigió y coescribió en 1997. En su primera producción hollywoodense  comenzó a trabajar con  el actor estadounidense especializado en mímica Doug Jones, quien dio vida a un insecto mutado, convirtiéndose  en el intérprete de todas sus “criaturas” hasta hoy.  Estuvo luego al frente de El Espinazo del Diablo,  cinta de terror sobre un niño que descubre a un fantasma que le guiará hasta descubrir un oscuro deseo en tiempos de la guerra civil española.

El éxito de Blade II, película de acción sobre vampiros,  le llevaría a conseguir financiamiento por parte de un estudio para Hellboy, en 2004. Estuvo durante años intentando llevar a la pantalla el proyecto del personaje diabólico de historieta cómica. Cuatro años después filmó la segunda parte: Hellboy 2: El ejército dorado. 

Un ser mitológico ocupó a Del Toro en la historia de fantasía  El Laberinto del Fauno, en 2006. Por esta coproducción mexicana-española que escribió, produjo y dirigió, inspirada también en la guerra civil española, logró sus primeros lauros hollywoodenses al año siguiente. La cinta ganó siete premios Goya, de 13 nominaciones, sin llevarse a casa el de director y película. Tres  Bafta, de ocho postulaciones, obteniendo el de película en habla no inglesa. Y  tres Oscar, aunque no el de  película extranjera, postulada por su país, ni tampoco por su guión. 

El éxito internacional le coronó nuevamente en los Ariel, arrasando en 10 de las 12 categorías en las que competía, incluyendo película y director.   Se crecía la admiración  de sus compatriotas. “Como mexicano es un orgullo y un ejemplo ver en la pantalla grande el reflejo de la generación de mexicanos que han incursionado en diferentes géneros del cine. Los universos que Guillermo del Toro logra crear con sus monstruos, quienes son los verdaderos protagonistas de sus películas, logran una fascinación y empatía en cualquier espectador, especialmente en los mexicanos por ser parte de una cultura diversa donde la vida y la muerte son parte de las tradiciones y de la cotidianidad”, contó  a PANORAMA  su paisano Vicente Ferreyra, desde Cancún.

Antes de participar en la trilogía de El Hobbit,   como guionista, Del Toro comenzó a idear  The Shape of Water  en un desayuno con el escritor estadounidense Daniel Kraus en 2011, con quien más tarde coescribió la novela de terror  Trollhunters. La fábula rondaba su mente desde que vio, a los 6 años, el clásico de horror El Monstruo de la Laguna Negra. Sin embargo, el guión lo escribió con la Vanessa Taylor.


Enfrentamientos entre enormes monstruos y gigantes máquinas en el futuro llevó a la pantalla, en 2013,  en Pacific Rim (Titanes del Pacífico), un filme taquillero que coescribió. 

En agosto de 2016 comenzó a filmar  su película “más humana y emotiva”, como lo ha revelado, con la que comenzó a triunfar en Venecia, el pasado septiembre, obteniendo el premio principal del festival. Se convirtió en la primera cinta fantástica en ganar el León de Oro a la mejor película.  Llegaron después los elogios de la crítica y de la audiencia, La han calificado su gran obra maestra.

Su inconfundible sello de magia y fantasía queda plasmado en la historia de Elisa, bedel, muda,  que se enamora de un hombre anfibio, “un activo” llevado desde aguas suramericanas a un tanque de agua de un laboratorio secreto del gobierno de EE UU, en tiempos de la Guerra Fría, dominando las  nominaciones en los grandes premios de este año. 


“La fantasía que crea  en sus películas son una válvula de escape de un mundo real cada vez más siniestro. Esta vez, nos hizo vivir un romance que a ratos incomoda o transgrede, pero nos atrapa bajo el argumento del encuentro de dos seres solitarios, excelentemente situada en una época de ensueño”, señala Ángela Paredes, periodista zuliana radicada en Cancún, ciudad mexicana donde vio,  recientemente, la película..

Logró siete postulaciones en los Globos de Oro, ganando como director y banda sonora. Alcanzó 14 candidaturas en los Critics’ Choice Award, arrasando en cuatro: película, director, banda sonora y diseño de producción. Aspira esta noche a a dos SAG y suma 12 candidaturas a los Bafta. Es una de las grandes favoritas para arrasar con nominaciones y posibles estatuillas en el Oscar, que se anunciarán el próximo martes 23.  


Once años después,  volverá  a la gala de la Academia estadounidense, aspirando  a convertirse en el tercer director mexicano y latinoamericano en llevarse la estatuilla  después de  Alfonso Cuarón, por Gravity (Gravedad), en 2014, y Alejandro González Iñárritu, por Birdman, en 2015, y The Revenant (El Renacido), en 2016, y el segundo  como mejor película, como lo hizo Alejandro González Iñárritu, por Birdman, en 2015. 

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1Comentarios

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santa claus 24/01/2018 10:30 AM

excelente pelicula


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