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Experiencia Panorama
09:55 AM / 02/12/2019
Eduardo Fernández: Un CNE elegido por el TSJ es un paso en la dirección incorrecta
Heilet Morales

Eduardo Fernández es uno de esos políticos que no le teme a la “jauría” anti diálogo.  De hecho advierte una posibilidad inestimable en la escogencia de un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE) para empezar a desandar el tortuoso camino de la crisis.

“La institución que tiene la responsabilidad de elegir a un CNE es la Asamblea Nacional, tiene que producirse un acuerdo en  el Parlamento para elegir un nuevo CNE, sería muy mal hecho del Gobierno si apuesta a maniobras dilatorias para terminar eligiendo un Consejo Nacional Electoral en el Tribunal Supremo con lo cual está dando un paso en la dirección incorrecta”, asegura el veterano dirigente copeyano.

Ahora desde la conducción del Centro de Política Públicas del Ifedec, el excandidato presidencial cree que ciertas condiciones aplican incluso para la escogencia del nuevo Poder Electoral. “Sería muy aconsejable tener un nuevo CNE que le merezca confianza a todos los electores y no solamente a los partidarios del Gobierno. Tampoco es razonable un CNE que le merezca confianza solo a los señores de la oposición”.

— Nadie se mueve, ni Gobierno, ni oposición, pero la crisis sí se mueve, cuál es su valoración del actual “momentum” político del país?

— El primer dato del momento político que hay que ponderar es la magnitud de la crisis económica, social, institucional y moral que vive el país y ponderar y analizar también el sufrimiento de millones de venezolanos  que son víctimas de esta crisis política que los políticos no terminan de resolver, ni los del Gobierno, ni de la oposición.

Cómo se debería resolver la crisis, en un país democrático cuando se presenta una situación como está, normalmente, se convoca al árbitro para que resuelva y quién es el árbitro en una democracia, el pueblo, los ciudadanos, ellos  deben ser convocados para que se expresen en la vía más democrática, más civilizada, más institucional que pueda existir que es la vía electoral.

Desgraciadamente, se perdió una oportunidad muy brillante el año pasado para un cambio de Gobierno, de la jefatura del Estado que creo es un paso indispensable para resolver la crisis, el país necesita tener un Gobierno nuevo,  un Gobierno distinto, el actual Gobierno es el responsable, en una medida superlativa, de la crisis que estamos atravesando (…).

Cómo se cambia el Gobierno: o por la fuerza o por los votos. La fuerza no debería ser el recurso en una democracia, pero es que además la oposición, que sería la alternativa, no tiene la fuerza, la fuerza la tiene el Gobierno o la tiene factores externos a Venezuela, como por ejemplo EE UU, hay mucha gente que todavía sueña con la idea de que EE UU puede asumir la situación venezolana, eso tampoco creo que sería ni probable, ni deseable, lo conveniente es que el país se exprese electoralmente. Esto supone concretar un acuerdo que merezcan la confianza de los electores.

— Para lograr eso hay la posibilidad de la escogencia necesaria de un nuevo CNE, por supuesto a través de la AN, ¿cuánto destrabaría esto la situación?

— Sería un aporte muy importante, sobretodo psicológico. Los problemas en el sistema electoral venezolano están mucho más en las mesas de votación que en la cúpula del organismo electoral. Las trampas se hacen en las mesas, no arriba; de todas formas psicológicamente y políticamente sería muy aconsejable tener un nuevo CNE que le merezca confianza a todos los electores y no solamente a los partidarios del Gobierno. Tampoco es razonable un CNE que le merezca confianza solo a los señores de la oposición.

— Esa confianza solo sería posible a través de un acuerdo, ¿porque si llegara a parar en manos del TSJ qué podría pasar doctor?

— Muy negativo. Tampoco el TSJ tiene la confianza de la mayoría de los venezolanos. Además, ese es un recurso excepcional porque lo lógico es que funcionen las instituciones. La institución que tiene la responsabilidad de elegir a un CNE es la Asamblea Nacional, tiene que producirse un acuerdo en  el Parlamento para elegir un nuevo CNE, sería muy mal hecho del Gobierno si apuesta a maniobras dilatorias para terminar eligiendo un Consejo Nacional Electoral en el Tribunal Supremo con lo cual está dando un paso en la dirección incorrecta.

De esa manera no se ayuda a recuperar la confianza en la ruta electoral que es lo que nos interesa a todos. El Gobierno debería plantearse la siguiente situación: Si a alguien le interesa las elecciones es al Gobierno porque o las gana o las pierde. Si las gana, y la oposición está tan dividida y a pesar de que el Gobierno está tan disminuido es capaz de ganarla, aunque yo no desearía que las ganara; pero la hipótesis de que las pueda ganar tienen que estar planteada, si las gana sale relegitimado y en consecuencia tendrá mucha más autoridad dentro y fuera del país, porque estaría ganando un proceso electoral que no ha sido objetado por nadie y si las pierde, hacen como los sandinistas, se van a la oposición, se rectifican los errores y, eventualmente, podrían volver al poder en el futuro, pero la democracia es alternabilidad.

Por parte de la oposición la responsabilidad es convencernos a los venezolanos de que es una alternativa de Gobierno, o sea que están preparados para asumir la responsabilidad que significa gobernar a Venezuela en medio de la enorme crisis que estamos sufriendo actualmente.  

— Desde los sectores de la oposición mayoritarios en el congreso se tilda a la “Mesita” como colaboracionistas con el Gobierno…

— Hay que hacer un gran esfuerzo para que haya una voz que represente al 80% de los venezolanos que deseamos un cambio. Deben unificarse las voces de la oposición, no entiendo que estemos fracturando la unidad opositora, sino más bien debería hacerse un esfuerzo para unificar la voz de la oposición, porque la alternativa de Gobierno, si llega al poder, tiene la tarea de unificar al país entero, entonces no  puede ser que empecemos dando demostraciones de que no somos capaces de unificarnos los que estamos apostando a un cambio de Gobierno.

Ante tu pregunta lo que haría es recomendar, con vehemencia, que se pongan de acuerdo todos los factores de oposición y que además traten de ponerse de acuerdo con el Gobierno para tener un nuevo CNE, unas elecciones transparentes y confiables y que podamos empezar a resolver la crisis económica y social.

— Apunto de terminar el año, ¿cree que llegó el momento de revisar la estrategia del 23 de enero en la oposición?

— Definitivamente. He tenido dudas y preocupaciones con esa estrategia desde enero, pero ha pasado un año completo y creo que a estas alturas hay que evaluar qué se ha conseguido, dónde hemos retrocedido y trazar caminos más claros hacia el futuro y poner el acento en dos palabras: unidad y elecciones. Si estamos unidos no perdemos las elecciones nunca y hay que definir, o la ruta electoral o cogemos los fusiles y nos vamos para el monte. Yo no sé manejar fusiles, yo sé votar, sé manejar votos, conozco cómo se hace una campaña para lograr una victoria electoral. De cañones, de tanques y de aviones de guerra no tengo información, además no me gusta, no le conviene al país eso, lo que los venezolanos estamos en este momento en necesidad de demostrar es que tenemos inteligencia y patriotismo. Inteligencia para apreciar la magnitud de la crisis y patriotismo para hacer las concesiones que haya que hacer en beneficio de  superar la crisis y resolver la situación.

—  Y si el Gobierno en el contexto actual (con la oposición dividida) y con el vecindario bastante ajetreado y llamara a unas elecciones parlamentarias adelantadas, con un CNE que no surja del consenso, ¿qué escenario vislumbra usted?

— Muy negativo. En primer lugar, elecciones parlamentarias adelantadas no, la verdad es que toca hacerlas el año que viene y lo normal es que esas elecciones fueran a finales de año. Si el Gobierno hace maniobras para poner las elecciones el 1 de enero o el 30 de abril está haciendo una maniobra subalterna que no ayuda a resolver el problema político e institucional.

Si además el CNE es designado por la vía excepcional del TSJ y sin el consenso de todos los factores de opinión pública, pues entonces nos quedamos donde mismo, seguimos empeorando la situación y eso no es bueno para nadie, ni siquiera para el Gobierno porque va a seguir siendo precario sin ninguna posibilidad de resolver la crisis (…).

— ¿Cómo se siente un político de los mayores, como usted, con el manejo que por ejemplo, la generación del 2007 hace del actual momento político?

— Tengo por la generación 2007 mucho respeto y consideración porque les ha tocado un tiempo muy difícil y complejo. Pero hay temas en los cuales creo que los opositores nos hemos equivocados, hay otros en lo que ha habido aciertos, por ejemplo, haber asumido la ruta electoral en el 2015 fue muy positivo, haber abandonado la ruta electoral en el 2005, cuando se le entregó la Asamblea Nacional al oficialismo, fue un error; en el 2015 se corrigió ese error. En el 2018 se repitió el error, ojalá que en el 2020 no se repita y podamos tener una Asamblea verdaderamente representativa (...) La pelea es peleando, hay que pelear en el terreno donde se tienen posibilidades; yo no tengo posibilidades de pelear en un terreno de armas de guerra, porque no las tengo; donde la oposición puede ganar es en  el terreno cívico, en el de la inteligencia, de los votos, de la razón.

—  ¿Y cómo advierte un escenario de transición?

— (…) La democracia supone que haya respeto para la mayoría y para la minoría y un espacio para la mayoría y otro espacio para la minoría y que haya tolerancia, convivencia, no puede aplicarse esa política de exterminio del adversario, a quien además llaman enemigos, no, son adversarios políticos y tenemos que prepararnos para convivir con gente que piensa distinto a nosotros.

Otra cosa es el tema de los delitos. Ojalá que algún día el sistema judicial venezolano funcione eficazmente porque es al sistema judicial al que le corresponde resolver quién cometió delito y cuál es la pena, no son las redes las que resuelven quién es culpable y quién es inocente. Es el debido proceso con todas las garantías para los implicados. Es vivir en una nación civilizada, moderna y basada en instituciones y no en griterías.

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