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Experiencia Panorama
10:00 AM / 02/12/2018
Cinco lustros del fin de Pablo Escobar
Luis Dagand Diseño: Thajía Di Gaetano

El nombre de Pablo Emilio Escobar Gaviria aún resuena en los ecos de la historia por la cantidad de muertos que dejó tras su sangrienta  leyenda. Hoy se cumplen 25 años desde que fue abatido por los  cuerpos de seguridad colombiana. Fue  el 2 de diciembre de 1993, en los tejados de una de sus propiedades, ubicada  en el barrio América, de la ciudad de Medellín, del departamento de Antioquia, del vecino país.


El reconocido capo de la droga, hijo de  un administrador de fincas y una maestra, comenzó a incursionar en el mundo del delito como ladrón de automóviles,   hasta que conoció a Alfredo Gómez López alias ‘El Padrino’, quien vio en un joven Escobar un talento para el contrabando, incluyéndolo  así en sus operaciones. 
Ya sumergido en el mundo del tráfico ilegal de mercancías, Pablo observó mejores ganancias en la distribución de marihuana, antes de darse cuenta que la cocaína sería un mejor negocio criminal. Articuló unas incontables líneas de distribución gracias al soborno y amenazas de muerte. ‘Plata o plomo’ era la tarjeta de presentación del criminal. Su llegada a las ‘grandes ligas’ del hampa, fue en los años 70, cuando se alió con Gonzalo Rodríguez Gacha alias El Mexicano, Carlos Lehder, Jorge Luis Ochoa y los hermanos Fabio y Juan David, con quienes fundó el tristemente famoso Cártel de Medellín.  


Tratando de escapar de los radares policiales y de las críticas de la opinión pública, de una Colombia que todavía no conocía el monstruo tras el personaje, el líder del narcotráfico llegó a ser conocido como el ‘Robin Hood Paisa’ gracias a diversos planes de desarrollo habitacional que financió en los barrios más pobres de Medellín. 


El proyectos Medellín sin Tugurios o barrio de Pablo Escobar fue un conjunto de 780 viviendas para la gente de bajos recursos, que le hizo ganar la simpatía de los pobladores. Donaciones en efectivo también eran hechas por el capo. Algunos rumores apuntan que estas acciones eran aprovechadas por la mente criminal como canal de reclutamiento para su ejército de sicarios. 


Con grandes aspiraciones, Escobar se hizo de una carrera fugaz en el plano político, llegando a tener un escaño en el senado de Colombia por el movimiento Alternativa Liberal. Siendo cuestionado por la legalidad de sus crecientes recursos económicos, fue Rodrigo Lara Bonilla, ministro de justicia de aquel entonces, quien demostró sus nexos con el mundo de la droga. 


Bonilla fue asesinado el 30 de abril de 1984 por órdenes del capo. Fue cuando comenzó una escalada de violencia sin precedentes  en las calles de Colombia. 
Pruebas señalan que también estuvo involucrado junto con otros criminales en el asesinato del candidato presidencial Luis Carlos Galán, por  miedo a la aprobación de la extradición apoyada por Galán. “Prefiero una tumba en Colombia, que una cárcel en EE UU” era la consigna del antisocial, frente a la DEA (Departamento para el Control de Drogas), que cooperaba con el gobierno colombiano en su captura. 


Uno de los mayores crímenes gestado por ‘El Patrón’ –como ya se le conocía en los círculos criminales—  fue el atentado terrorista de Avianca, hecho registrado el 27 de noviembre de 1989, en el que murieron 107 personas por la explosión de una bomba. El objetivo era asesinar al candidato presidencial César Gaviria, quien tomaría el vuelo 203  con destino a Cali. Gaviria seguía la misma corriente de pensamiento político que Galán. 


“Tenía 10 años. Recuerdo ese día como muy doloroso. Primero recibí la noticia de que mi papá había tenido un accidente, después empecé a ver en todos los noticieros lo del avión. Ahí entendí que estaba muerto dentro de una de esas bolsas negras que mostraban en televisión”, cuenta Gonzalo Enrique Rojas, quien preside Colombia con Memoria, organización que agrupa a las víctimas del cruel narcotraficante.


Otra acción sangrienta fue el atentado del edificio del DAS (Departamento Administrativo de Seguridad), suscitado el 6 de diciembre del mismo año, en el que 70 funcionarios murieron y 600 personas resultaron heridas. 
En tan solo el mes de enero de 1990,  400 policías de Medellín fueron asesinados. Escobar utilizaba como un macabro incentivo entre sus sicarios recompensas en dólares por ejecutar a los uniformados. 
Para evitar más derramamiento de sangre el gobierno del ya presidente César Gaviria llegó a un acuerdo con Escobar.  El 19 de julio de 1991, ‘El Patrón’ se entregó a las autoridades colombianas para pagar por sus crímenes en la prisión La Catedral, construida por el mismo. El espacio carcelario tenía todas las comodidades de una suite cinco estrellas. 


Todo terminó cuando  dio la orden de asesinar a sus socios Fernando Galeano y Gerardo Moncada dentro de la cárcel por una supuesta traición. Eduardo Mendoza, viceministro de Justicia y el coronel Hernando Navas Rubio, director general de prisiones del Instituto Penitenciario, entraron a la cárcel para cumplir  órdenes de captura, pero Escobar y sus hombres los tomaron como rehenes.


Al verse acorralado por el ejército el 21 de julio de 1992, Escobar escapó de su prisión a través de una pared de yeso, hacía la zona montañosa de El Retiro, en el municipio de Antioquia.


La fortuna amasada por ‘El Zar de la Droga’ le valió el séptimo lugar entre los hombres más ricos del mundo, según la revista Forbes. Más de 420 millones de dólares  entraron en los bolsillos del asesino por semana, representando 22 mil millones al año. 
El flujo de efectivo le causó problemas, por lo que  tuvo que enterrar y esconder su dinero al no poder ‘lavarlo’ a la misma velocidad a la que entraba en su haber.


“Pablo ganaba tanto dinero que cada año perdíamos cerca del 10%, porque se lo comían las ratas, se estropeaban por la humedad o se perdía”, relató Roberto Escobar, hermano del capo, en su libro, titulado 'La historia del contable: dentro del violento mundo del cártel de Medellín'.


Juan Pablo Escobar Henao, conocido en la actualidad como Sebastián Marroquín, hijo del famoso narcotraficante pasó un tiempo viviendo en la ladera de una montaña en Medellín y vio como a su hermana, Manuela, le dio una hipotermia. Para que entrara en calor, su padre decidió prender fuego a unos  billetes cuya suma alcanzaba los dos millones de dólares.


Un debilitado capo, que no contaba con suficientes hombres ni influencias, fue encontrado gracias a la intercepción de llamadas telefónicas hechas a sus familiares. El Bloque de Búsqueda, grupo policial al que se le encargó conseguir al zar vivo o muerto, fue quien abatió al temido Pablo Emilio Escobar Gaviria. 
Existe mucha especulación sobre lo  sucedido aquel jueves 2 de diciembre de 1993. Versiones de la familia Escobar señalan, que el narcotraficante se suicidó.

Por otro lado, Don Berna, exnarcotraficante y aliado con el Cartel de Cali en aquel momento, se atribuye el asesinato de Escobar junto a su hermano. Así lo escribe en su  libro ‘Así Matamos a El Patrón’ , escrito por Berna desde la cárcel. Más allá de quién ajustició al verdugo, se necesitó de  intervención de llamadas telefónicas, la creación de un cuerpo especial policiaco, la muerte de más de 400 policías, el asesinato de un sin número de inocentes, y nueve años de guerra  para acabar con el ‘Patrón del Mal’.   

 
 

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