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Experiencia Panorama
10:30 AM / 30/09/2018
Ciencia venezolana en un laberinto
Jhoandry Suárez
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Archivo

Los microscopios, las probetas y los tubos de ensayo dan testimonio: la investigación en el país va en vías de extinción. Una serie de dificultades se plantan delante de la ciencia en universidades e institutos públicos y le impide avanzar. Los problemas que más la acorralan son presupuestarios y de emigración.

Los profesores que quedan tratan de encontrar salida en este laberinto para seguir aportando conocimiento, algunos lo han logrado; otros, han visto sus laboratorios disminuidos o cerrados.

Las áreas más afectadas son las relacionadas con la Física, Química y Medicina, pues los insumos y equipos que demandan para la investigación son hechos en el exterior y se adquieren con divisas, cuyo acceso es engorroso en Venezuela. La misma limitación impide obtener revistas arbitradas.

La vicerrectora académica de la Universidad del Zulia, Judith Aular, en entrevista telefónica, ofreció detalles sobre la investigación en el alma mater. Precisó que los laboratorios de la Facultad de Medicina carecen de reactivos para los análisis que desarrollan, una situación similar a la de la Facultad de Agronomía y Veterinaria. 

En el caso de los laboratorios de la Facultad de Ciencias, se suma una segunda traba relacionada con los problemas de electricidad, agua y aires acondicionados. “Ha disminuido (la investigación) considerablemente porque no se tienen los equipos necesarios ni los reactivos”, expuso preocupada. 

“El presupuesto que se aprobó en octubre del año pasado para el Consejo de Desarrollo Científico y de Investigación (Condes) no alcanza ni siquiera para comprar un equipo de computación. Ese presupuesto era de 400 millones de bolívares fuertes (Bs.S.4.000)”, denunció. 

Mencionó, asimismo, lo cuesta arriba de acceder a la información a través de artículos científicos de otras universidades o para exponer las propias revistas, lo cual se paga en dólares, y los problemas de conectividad a internet. 

Aular apuntó que, en medio de este contexto, el 40% de los profesores de LUZ, inscritos en el Programa de Estímulo a la Investigación e Innovación (Peii), se ha ido del país en los últimos tres años. “La Universidad del Zulia figuraba en el primer lugar en el país en cuanto a número de investigadores adscritos al programa con 1.280, entre profesores y estudiantes”, resaltó. 

Entre los factores comunes para abandonar la investigación figuran el bajo salario (menos de $10 por mes) y los pocos beneficios que perciben los profesores. Un científico registrado en el Peii, con categoría C (la más alta) solo recibe bonificaciones y la última fue de Bs.S. 0,8 (Bs. F. 80.000). 

La Universidad Central de Venezuela (UCV), una de las casas de estudios que entró en el ranking de las mejores casas de estudio del orbe de Times Higher Education a finales de 2017, también exhibe una realidad crítica. 

La plantilla de investigadores “duros”, que oscila entre 500 y 600 profesores, se ha reducido a la mitad en un éxodo que se aceleró desde 2009, sobre todo por ofertas laborales en el extranjero. Estos datos fueron proporcionados por el coordinador del Centro de Desarrollo Científico y Humanístico de la UCV, Félix Tapia.

Informó, además, que de los 180 docentes que recibieron estudios en otros países en 2008, la institución solo conserva dos.

“Estamos peor que en el año 50, cuando lo que había era una idea de ciencia (…) Hoy estamos en peores condiciones que entonces. Estamos produciendo menos de un artículo por investigador”, advirtió Tapia. 

En Caracas, otra de las academias que se posicionó en el listado de Times Higher Education fue la Universidad Simón Bolívar, en donde el 85% de los cargos docentes ofertados quedaron vacíos. De 120 puestos ofrecidos, en el lapso de enero a marzo pasado, solo 18 fueron ocupados, alertó la comisión permanente del consejo directivo de la USB en un reporte reciente. 

La división de Ciencias Físicas y Matemáticas fue la más perjudicada con 93% de cargos vacíos, seguida de la División de Ciencias Biológicas con 83%.

La Unesco en su informe sobre la Ciencia hacia el 2030, publicado en 2015, ya había sugerido a los países en vías de desarrollo que tuvieran, como mínimo, un investigador por cada mil habitante; sin embargo, el Observatorio de Ciencia y Tecnología y el Programa de Promoción al Investigador, en funciones hasta el 2009, ubicó el número investigadores en el país en 6.822, una cifra muy lejana de los 30 mil científicos que se requieren.

En relación con la producción científica, Scopus, una base de datos de revistas arbitradas e indexadas, muestra que Venezuela pasó de 2.376 artículos científicos en 2009 a 1.476 en 2016. Mientras que SciELO, una biblioteca virtual, indica que las publicaciones pasaron de 2.038, en 2008, a 668,en 2016 (67,23% menos).

No solo la investigación en las universidades se ve acorralada. El Instituto de Investigaciones Científicas de Venezuela (Ivic), pionero en descubrimientos y nuevas tecnologías en el país, con más de 100 laboratorios, apenas mantiene el 20% de estos recintos operativos, de acuerdo con estimaciones de la presidenta de la Asociación de Investigadores del Ivic, Flor Pujol. 

“Laboratorios que estén ‘full’ activo y que tengan reactivos para trabajar, según nuestros cálculos, deben de ser un 10% y que tengan algún reactivo guardado o que hayan recibido alguna donación para trabajar, otro 10%, lo que suma un 20%”, desglosó, vía telefónica. 

“Mi laboratorio está prácticamente paralizado, desde hace más de dos años no tenemos reactivos. Guardamos las reservas para terminar las tesis de los estudiantes que estaban”, agregó, la profesora titular del Centro de Microbiología y Biología Celular.

En cuanto a la migración de la plantilla de investigadores (conformado por 400 personas, entre científicos activos, jubilados y técnicos), aseguró que ronda el 20% en los últimos tres años. 

Gioconda San Blas, profesora emérita de la institución y presidenta de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales de Venezuela ,lamentó el decaimiento de la institución.

“El Ivic tenía la mejor biblioteca de toda América Latina, tanto así que en el año 1996 fue designada por la Unesco como biblioteca regional de Ciencia y Tecnología para América Latina y el Caribe. La gente que va allí ahora no puede actualizarse a las publicaciones de hoy porque desde el año 2014 no se pagan las suscripciones a revistas internacionales por falta de presupuesto”, reveló. 

A pesar de las dificultades que presentan varias unidades de investigación, el Gobierno nacional, en los últimos años, ha subrayado el trabajo de células madres desarrollado en el Ivic para aplicación de tratamientos médicos relacionados con la traumatología, quemaduras, cirugía plástica, etc. 

San Blas, no obstante, aclaró que un área que tiene que ver con el desarrollo de tecnología o salud no es menos importante que otro como, por ejemplo, la producción petrolera.

“Realmente todo es importante, todo tiene que ver con el desarrollo (…) Estamos viviendo en lo que se llama la sociedad del conocimiento. El siglo XXI fue llamado así, porque el motor fundamental para el progreso de cada país se basa en la generación y aplicación de tecnología, de manera que, si nosotros no lo tenemos, vamos a estar en la cola del progreso en el mundo”, alertó. 

Pero, ¿realmente estamos así? ¿En Venezuela no quedan sitios donde se siga haciendo investigación e innovación? En este laberinto más lleno de obstáculo que de salidas, los hay. Uno de los caminos ha sido la alianza con empresas privadas tanto internacionales como nacionales.

Desde la Universidad de Los Andes (ULA), el profesor John Bullón, director por más de 15 años del laboratorio de Formulación, Interfases, Reología y Procesos, relató su experiencia. Describió que desde la fundación del recinto se concibió que fuera un laboratorio que prestara servicios a las empresas y cobrara por ello, con lo cual se puede disponer de un presupuesto independiente del presupuesto universitario. 

De esta forma, los científicos trabajaron durante 23 años de manera ininterrumpida, desde 1978, con Pdvsa en la formulación de surfactantes. En 2001, a raíz del paro petrolero, la estatal rompió relaciones con la universidad, y el laboratorio desde entonces ha sido contratada por transnacionales relacionados con el sector petrolero, farmacéutico, de cuidado personal. Un método que les ha funcionado para mantener recursos en divisas fuera del país y traer reactivos y equipos.

"Estamos produciendo, además, un medicamento con un laboratorio de la ULA en el núcleo de Trujillo. Ellos elaboraron un principio activo que es un inyectable para curar la leishmaniasis, enfermedad parasitaria, y nos propusieron vehicularlo en una crema. Hicimos el vehículo en forma de emulsión y metimos el principio activo. La persona se lo aplica en las lesiones y en pocas semanas se cura. Anteriormente, había que aplicarle unas 60 inyecciones alrededor de la herida para que se pudiera curar. Esto lo financiamos con los ingresos del laboratorio y es gratuito”, destacó Bullón.

La misma ruta de autofinanciamiento la siguió el profesor y director del Laboratorio de Petróleo, Hidrocarburos y Derivados de la Universidad de Carabobo (UC), Juan Pereira. Afirmó que la clave fue prevenir en 2009 el “tsunami económico” y desde ese momento establecer alianzas con empresas nacionales e internacionales.

“La industria nacional necesita de nuestro apoyo pues están sustituyendo materias primas. Ellos nos proveen de los materiales e insumos y nosotros hacemos los análisis; también hacemos cursos y diplomados en sus instalaciones”, explicó. 

Puntualizó que su laboratorio en estos momentos maneja 10 proyectos, entre ellos uno de celulosa: sacando una materia prima de fuentes renovables, de plantas. “Es una molécula que se trae de Alemania y tenemos el proyecto de instalar una planta piloto aquí y producirla. Ya tenemos pedidos”, aseguró emocionado. 

Tanto Bullón, como Pereira, aseguraron que laboratorios vecinos no han corrido con el mismo éxito para mantenerse activos. En la ULA, el de Alimentos y Ambiente está a punto de cerrar, solo le queda un profesor. En la UC, seis laboratorios del departamento de Química no cuentan con electricidad desde hace más de un mes. 

Así se encuentra la ciencia en Venezuela: buscando salidas del laberinto en el que se encuentra. Los expertos coinciden en que si no sale pronto de él, el país quedará en un atraso con respecto a otros naciones vecinas. Sin importar la riqueza petrolera, el conocimiento es el recurso más demandado de hoy. 

 

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1Comentarios

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Jean-Carlo Rossi 30/09/2018 06:27 PM

Hay que eliminar la autonomía universitaria e investigar a las autoridades corruptas y todo lo q han hecho con los presupuestos. LUZ ha sido el mayor nido de corrupción desde hace varias décadas


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