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Espectáculos
03:17 PM / 17/04/2017
Miles de seguidores despidieron a Martín Elías en el cementerio de Valledupar, Colombia
Panorama
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@NoticiasCaracol

Este lunes 17 de abril, se cumplió el sepelio del cantante Martín Elías Díaz en su natal Valledupar: el féretro fue trasladado en un carro de bomberos, en medio de una multitud.

Martín reposa muy cerca a donde yacen los restos de su padre, en el espacio destinado para la familia Díaz Maestre y donde también está enterrado Rafael María Díaz Cataño, el padre de Diomedes.

El alcalde del municipio, Augusto Ramírez Uhia, declaró este lunes día cívico, para brindarle el último adiós a “este hijo ilustre de la ciudad”.

Las honras fúnebres estuvieron abarrotadas de amantes del vallenato, “que quieren acompañar al pueblo valduparense en este lamentable suceso. Dada la afluencia de personas, se hace necesario mantener la ciudad en orden y garantizar la seguridad de visitantes y propios”.

El trayecto hacia el cementerio comenzó a las 11 de la mañana de este lunes.

El siguiente fue el recorrido del cortejo fúnebre hacia el cementerio Jadines del Ecce Homo:

Ayer domingo fue el homenaje oficial. Desde que se enteraron del accidente, los seguidores de Martín Elías se pusieron la camiseta amarilla.

Rafael Santos, hermano mayor de Martín Elías, le cantó la canción "Mi muchacho", compuesta por su padre Diomedes Díaz.

 

Con ese color, que representa al martinismo, se presentaron ayer al Parque de la leyenda vallenata que, como en los conciertos del hijo menor de Diomedes Díaz y Patricia Acosta, estaba nuevamente a reventar.

Mientras caminaba al borde de la tarima, Pablo Arrgoces, por ejemplo, pensaba en la última vez que lo vio en ese mismo parque. Y fue inevitable el llanto.

Y cuando los artistas vallenatos empezaron a cantar, a lamentar y a recordar, cerca de 20 mil personas lloraron también, con él y con ellos.

El Parque abrió sus puertas a las 8:00 de la mañana. Pablo y otros martinistas se fueron acomodando desde entonces en las gradas. Desde allí visualizaron el féretro cubierto con la bandera de Colombia, mientras los organizadores iban armando toda la logística.

Desde allí también siguieron el momento íntimo que pidió la familia, cuando ya se estaba aproximando la presentación. A lo lejos escucharon cómo los parientes del cantante le pedían que regresara a la vida y les quitara ese dolor del alma.

Habían llegado de todos lados de la Costa. Había, inclusive, seguidores de Tunja, Cúcuta, Bogotá, Cali y Venezuela.

Antes del medio día el lugar estaba pintado de amarillo. Los portadores exhibían carteles gigantes con la foto o una frase de su ídolo.

Ninguno quería perderse el concierto de la despedida.

Los que no pudieron llegar siguieron la transmisión del canal regional Telecaribe.

El cuerpo sin vida de Martín Elías estaba resguardado por seis policías, y rodeado de coronas florales por todos los costados. A un lado de esta escena, el personal de logística organizaba los instrumentos y probaba micrófonos para el homenaje musical que empezaría a las 4:00 de la tarde.

Alrededor de las 3:00 p.m. la tarima empezó a albergar a los familiares y amigos que tomaron sus respectivos puestos. Todos atendían el llamado que en la mañana había hecho “Mama Vila” para que para que no dejaran solo a su nieto.

A las 3:30 empezó a llover. Ni el cielo se resistía al homenaje.

Martín Elías Jr., entero como pocos, abrazaba sonriente a un inconsolable Rafael Santos que miraba al cielo clamando el regreso de su hermano. Martincito fue, entre todo, como una luz que iluminaba la tarima en medio del luto, pues atendió todas las entrevistas de los periodistas y a todos les dijo que “hay que estar alegre porque mi papá está con Dios allá arriba”.

Cuando el reloj marcó las 4:30 p.m., arrancaron los actos formales en el Parque de la Leyenda Vallenata. El minuto de silencio se extendió por todo Valledupar. Buena parte de Colombia estuvo también de pie.

El pastor Mauricio Ochoa les pidió a los asistentes que se tomaran las manos y repitieran el Padre Nuestro. Todos obedecieron. Pablo sintió ahí que las piernas le temblaban.

“Ojalá no tuviera que haberlo hecho, Martín” le dijo Johan Páez, su saxofonista, antes de interpretar la canción La Doctora, con la que el cantante vallenato le pidió en algún momento que lo despidieran.

El saxofón habló y el Parque de la Leyenda Vallenata enmudeció.   

El anuncio de Jorge Iván “El Churo” Díaz a tarima regresó los murmullos. El concierto empezaba y muchos se emocionaron, pero nadie esperaba ver a un manojo de artistas llorar como niños mientras intentaban interpretar las piezas musicales de Martín Elías o las de su papá.

“Esto es muy duro, dijo Benitina Daza, mientras veía a Rolando Ochoa, acordeonero de Martín Elías, cuando sacaba fuerzas para acompañar a Jorge Iván “El Churo Díaz”  en la interpretación de Mi Ex”, éxito musical del último álbum de Martín Elías.

Cuando llegó el momento para Rafael Santos, los asistentes escucharon una de las interpretaciones más sentidas de la tarde. Cantó “Mi Muchacho”, tema que su padre le dedicó. La multitud lloró con Rafael Santos, quien se atragantó con el dolor en más de una ocasión, cuando intentaba asociar a Martín como su hijo. Durante toda la interpretación luchó con el dolor, hasta que al final no pudo más y se tendió sobre el féretro.

El corazón de los asistentes se terminó de arrugar cuando Martín Elías Jr. tomó el micrófono y entonó un verso que no pudo terminar. El niño lloró y con él, toda la plaza. Su madre lo tomó en sus brazos y lo consoló.

Un tema que rodeó la muerte de Martín Elías y a la que muchos artistas se refirieron en varias entrevistas, fue el de la competencia entre ellos mismos. A eso se refirió Jean Carlos Centeno: “La competencia de ahora en adelante tiene que ser por quien ore más para que al otro le vaya bien”. Abrazado al ataud le dijo que “no quería ser yo quien te cantara esto primero”, e interpretó “El ahijado”.  Al entonar el verso más sentido –“a pesar que el compadre se nos fue…”-, se le quebrantó la voz, se agachó desconsolado y salió en llantos.

Orlando Liñan entonó “Veinte vidas más”; Elder Dayan, “La Doctora”; Poncho Zuleta se decidió por “A un colega”, canción que le compuso Diomedes Díaz a la familia Zuleta;  “Mis mejores días” fue el tema que José Vicente “El Mono” Zabaleta le dedicó, y Jorge Oñate, después de varios intentos, entonó “La Juntera”.

A esas alturas a nadie le quedaba duda de que Martín Elías no solo era el más talentoso de la dinastía Diaz, como lo señaló su tío Elver Díaz, sino el más sencillo, caballeroso, humilde y solidario.

 

Iván Villazón, quien interpretó “Mi sombra”, dijo que era la mejor promesa que tenía el vallenato clásico entre las nuevas generaciones.

Silvestre Dangond siguió con “Diez razones para amarte” canción que Martín Elías le dedicó a su “mona linda”, Dayana Jaimes, que no paraba de llorar. “Martín aquí tienes tu legado” gritó Dangond antes de entonar en una versión en guitarra y piano, de esa que es una de las canciones más icónicas del “Tin”.

“Tu padre anticipó lo grande que serías en sus canciones. Ayúdame Martín porque yo no sé si pueda cantarla. Canten conmigo, estoy arrugado”, expresó Peter Manjarrés entre sollozos antes de interpretar “Mi Primera Cana.”

Anocheció y a la tarima subió el padrino de Martín Elías, Iván Zuleta:

“Él no se tenía que marchar,
Él era un buen muchachito
Ya Dios lo mandó a llamar
Pa’ cantarle a Jesucristo
Te fuiste tú muchachito
Fuiste sincero y amable
Se queda triste tu madre
Con tus hijos y tu familia
Hoy que se acabó tu vida
Tengo ganas de cantar
Y lo voy a homenajear
Y esto lo quiero decir
Por eso Valledupar nunca olvidará a Martín” 

Iván Zuleta siguió verseando, y a su lado se posó Patricia Acosta, de quien dijo tenía un vientre bendito.

Jhon Mindiola, Rafa Pérez, Yader Romero y Jonathan Jaraba “El Meke” subieron más tarde a la tarima a entonar “La Gota” y “Sueños y vivencia.”

A las 6:48 de la tarde, en el Parque de la Leyenda Vallenata se agitaban pañuelos amarillos y blancos al ritmo de “El Látigo”, con la que sorprendió su hermano Luis Ángel Díaz. “Vamos a mover esto como si Martín estuviese aquí”, dijo al tiempo que los juegos pirotécnicos encendía el cielo negro que se enlutó por completo.

Ese fue el último concierto de Martín. Pablo, Benitina y todo el martinismo le cumplieron a su ídolo. Con el silencio de los fuegos en el Cielo, cada uno fue abandonando el lugar. El silencio se estiraba como una manta por donde quiera que pasaban.

 

 

 

 

Textos de El Espectador / El Colombiano / Noticias Caracol 

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