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01:30 PM / 16/08/2019
Juvenal Ravelo es la memoria viva del cinetismo en Venezuela
AP
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 Desde una antigua casona de fachada de ladrillos rodeada de árboles de mango y visitada a diario por centenares de loros, el artista venezolano Juvenal Ravelo sigue produciendo de manera incansable obras del arte cinético que impulsó hace más de cuatro décadas junto a otras destacadas figuras locales.

Con la ayuda de tres grandes máquinas de corte de precisión y una computadora, transforma decenas de bocetos en imponentes obras que se destacan por su originalidad y variedad y que dejan al descubierto uno de sus rasgos distintivos: la no repetición.

“Me he propuesto a que haya una variante siempre”, dijo Ravelo en una entrevista reciente con The Associated Press. “Para eso uno tiene que estar las 24 horas con el arte, casado con el arte, porque si uno está metido en otras cosas no llega a eso, a esa profundidad”.

Con la reciente muerte de Carlos Cruz-Diez, el cinetismo perdió uno de sus principales exponentes y Venezuela a uno de sus artistas plásticos de mayor proyección internacional. Ahora el liderazgo del movimiento en este país queda en manos de Ravelo, que a sus 84 años se ha convertido sin proponérselo en la memoria viva de una generación que también conformaron Alejandro Otero y Jesús Soto.

Esta forma de arte, basada en la estética del movimiento a través de elementos móviles en el caso de esculturas o de ilusiones ópticas en el caso de pinturas, surgió en 1920 pero no fue hasta mediados de los años 60 y 70 que la corriente se puso muy de moda. Entre sus principales exponentes también se encuentran el portugués Nadir Afonso, el italiano Getulio Alviani y la inglesa Bridget Riley.

Mientras muestra una de sus más recientes piezas _ la imponente “Fragmentación de la luz y el color” de 6 metros de ancho por 1,4 metros de alto _ que enviará a Madrid a un coleccionista que la adquirió, Ravelo acota que sí repite títulos de obras como solía hacer su maestro y amigo Cruz-Diez, pero procura que sean distintas en el tratamiento y en la distribución de los elementos geométricos.

El cambio siempre ha sido una constante en su vida. El artista se inició como pintor autodidacta a los 12 años en su natal Caripito, un pequeño poblado del oriente venezolano, de la mano de su humilde padre obrero que trabajaba como pintor de avisos de una empresa petrolera y que en sus tiempos libres hacía cuadros de arte ingenuo.

A los 18 años se mudó a Caracas para consolidar su formación en la Escuela de Bellas Artes, donde recibió clases de Cruz-Diez y otros reconocidos maestros venezolanos. Y en 1964 dio un giro a su vida al trasladarse a París para estudiar por cuatro años sociología del arte en la Sorbona.

Al hablar de su llegada a la capital francesa, a donde también se había mudado Cruz-Diez, Ravelo recordó que tras dejar las maletas en el hotel fue de inmediato a visitar a su mentor para consultarle qué tan difícil era surgir allí.

La respuesta del maestro fue contundente: “Aquí pasa una cosa, el bistec pasa una sola vez. Si tú estas preparado, bien formado y bien preparado, el bistec tú lo agarras. Si tú no estás preparado, él pasa y tarda 20 años en volver a pasar. Entonces tienes que esperarte 20 años para poderlo agarrar”.

Un año después, en medio de sus estudios de sociología, retomó su actividad creadora y se sumergió en el arte cinético para crear su propio lenguaje, partiendo de la fragmentación del color y la luz.

¿Por qué optó por el cinetismo y no por otra corriente?

“Era lo que venía en orden cronológico en la historia del arte”, dijo Ravelo, al tiempo que agregó que en el momento que tomó la decisión su mente se invadió de los colores de los árboles de Venezuela, y en especial los de Caripito. “Eso me penetró completo y comencé a hacer cuadros ya inspirado en la naturaleza”.

A diferencia de Cruz-Diez, que vivió en París hasta su muerte el pasado 27 de julio, Ravelo volvió a su tierra 30 años después, en la década de 1990. Pero al igual que muchos de sus colegas llevó su arte a las calles de Venezuela independientemente de su lugar de residencia.

Es así como en los 70 desarrolló el proyecto de participación colectiva de arte en la calle y lo puso en práctica por primera vez en 1975, en el barrio Los Cerritos de Caripito, donde algunos de los habitantes participaron en la elaboración de un mural. Esa idea la replicó en 2012 y 2013 en las localidades francesas de Generlard y Marcigny, y dos años después en La Habana.

A lo largo de más de cinco décadas de trayectoria, Ravelo ha acumulado una vasta y variada producción que incluye varios cientos de obras de arte entre cuadros, esculturas y murales, algunos de los cuales adornan paredes de vías y barriadas populares en Caracas y otras localidades del interior del país.

La avanzada edad no se ha convertido en impedimento para el maestro que hoy se muestra pleno y confiado de que el poderoso movimiento que ayudó a impulsar seguirá adelante, pese a los tiempos de crisis que azotan a Venezuela.

Las nuevas generaciones están “bien cimentadas en esta línea”, aseguró. “Nosotros vamos a seguir”.

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